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jueves, 29 de marzo de 2012

Fernando Martín basket master, versión Amstrad CPC y PC


Fernando Martín basket master fue uno de mis videojuegos preferidos. Además, mi idilio con él fue largo, ya que primero pude disfrutarlo en su versión para Amstrad, y luego, años más tarde, volví a disfrutarlo en su versión para PC 2.8.6, con gráficos CGA.

Como dato curioso señalar que este Fernando Martín basket master fue uno de los primeros videojuegos a los que jugué en PC, y que me reconciliaron con los 16 bits. 

Pues cuando mi padre nos trajo de su oficina un PC de segunda mano a mi hermano y a mí con la idea de que él aprendiera más programación, yo me llevé una desilusión bárbara. El Amstrad CPC 464 quedó relegado a un armario de la habitación de mi hermana, con el teclado metido en un cajón. Para jugar con mi querido Amstrad tenía que sacar el teclado de cajón y enchufar todos los cables; así como conseguir estar en la habitación de mi hermana sin que ella me echara o discutiéramos. Tarea harto complicada, que no invitaba a disfrutar de los 8 bits.

Al final, lo que hacía era agarrar el monitor y el teclado, llevármelo a mi habitación, ponerlo encima de la cama de mi hermano –no había más mesas, el PC se había quedado con la que usábamos para el Amstrad- y jugar ahí, sentado en mi cama, con los pies apoyados en el reducido espacio que quedaba entre ambas. Postura nada ergonómica; pero la necesidad nos empuja a olvidar las consecuencias de nuestras acciones. Me imagino que el tiempo jugando en tales condiciones tuvo algo que ver con mis dolores de espalda. 

 Versión Amstrad CPC 464
 
Durante mi primer año como usuario de PC, he de reconocer que jugaba más al Amstrad que al PC. Ya que por aquel entonces los gráficos de cuatro colores —suerte que tuve CGA, y no Hércules (que eran dos colores)— hacían que todos los videojuegos tuvieran peor aspecto que en los ordenadores de 8 bits. 

Menos mal, que mi hermano trajo a casa el Fernando Martín y otros videojuegos como el “Budokan”, “Golden Axell”, “Buubble Bobble”, “Double Dragon”, etc., cuyas versiones eran mucho mejores que las de 8 bits… Y luego, llegaron las maravillosas aventuras de Lucas Art, y mi fidelidad hacia el Amstrad se resintió de forma drástica.

De todos los videojuegos para DOS hablaré en breve, así como del emulador que permite jugar con aquel sistema obsoleto, pero que sigo recordando con más cariño de lo que nunca hubiese creído; a pesar de que muchas veces necesitara la ayuda de mi hermano para crear una simple carpeta o grabar un disquete de 5/4.

Luego, cuando mi padre me preguntó que si le podía regalar el Amstrad a la hija de un compañero de trabajo, no me importó demasiado que lo hiciera -aunque no me gustase la idea de desprenderme de él- porque estaba absorto con las posibilidades de PC y, sobre todo, con las aventuras gráficas. Por aquella época, si mal no recuerdo, estaba jugando al Loom -aunque quizá me equivoque-. Ahora, claro, me arrepiento horrores. Pues me hubiera gustado conservar mi Amstrad CPC, a pesar de ser un armatoste que ocupaba muchísimo sitio.

Tal vez, algún día, vuelva a haber un Amstrad en mi casa. De deseos también se vive.

Aunque poco después, haber sido uno de los primeros usuarios en tener un PC de mi entorno, fue todo un suplicio, ya que salieron las tarjetas gráficas EGA y VGA y se dejaron de hacer videojuegos para CGA. Con lo que me quedé sin videojuegos para jugar, mientras todo el mundo me ponía caras de incredulidad, presumiendo de que poseían un flamante 3.8.6, cuando les decía que seguía teniendo un 2.8.6 con tarjeta CGA.

 Versión PC CGA (Mejor en monocromo, ¿verdad?)

Pero de todo ello hablaré cuando comience a profundizar en los videojuegos de PC. Que será pronto; al menos, eso espero.

Volvamos a “Fernando Martín basket master” después de esta extensa presentación, cuyo único propósito es aportar detalles de cómo fue aquella época.

“Fernando Martín basket master” es un videojuego uno contra uno, con una perspectiva lateral y en tres dimensiones. Para robar el balón a nuestro oponente basta con presionar el botón de disparo. Aunque hay que tener cuidado, porque podemos cometer falta personal. También tenemos que tener especial precaución a la hora de hacer mates, porque, al igual que en el baloncesto real, si el contrario se pone detrás de nosotros y lo desplazamos mientras saltamos, cometeremos falta en ataque. 

El sistema de juego es sencillo y efectivo. Los gráficos son divertidísimos. Los sprites, es decir, las animaciones del movimiento eran espectaculares.

En España se tituló “Fernando Martín basket master”, porque fue el magnífico y malogrado jugador de baloncesto español quien ponía la imagen y nombre al videojuego de “Dinamic”. En el resto del mundo, se tituló: “Basket Master”.

Como anécdota curiosa, decir que el contrincante de Fernando Martín, no es Epi, como se dijo —estupendo jugador de baloncesto del Barcelona, a quien se le ofreció en primera instancia protagonizar el videojuego; pero que no pudo porque tenía un principio de acuerdo con otra compañía para crear otro videojuego—. Luego, dicho videojuego no salió nunca a la luz. Ni si quiera sé si se llegó a programar. 

Del tema de las licencias y los derechos de imagen hablé en “Daley Thomson Decatlhon”. 

Se dice que, como broma personal, o revancha, se decidió ponerle la cara de Epi al personaje que se enfrenta a Fernando Martín. Nada más lejos de la realidad. El mismo grafista, Julio Martín, que junto con su hermano Gonzalo —programador—, se encargó de desarrollar la primera Beta de lo que iba a ser el videojuego, lo ha desmentido siempre que le han preguntado. Explicando que la cara del contrincante, no es otra que la de su hermano Gonzalo, y que era una especie de broma entre ambos.

La historia de los hermanos Martin, es digna de conocerse. Pues “Dinamic” decidió darles la patada justo cuando el videojuego estaba casi listo para ser publicado, dejándoles fuera del proyecto. Imaginá que os ocurre algo así cuando apenas tenéis veinte años y estáis viviendo un sueño. La vil acción de “Dinamic” que, por lo que estoy descubriendo, no fue una excepción, ya que experiencias similares ocurrieron con otros programadores y grafistas que trabajaron como “freelance” para ellos, mancha la reputación de la que fue una —sino la más— importante compañía de software español, durante la edad dorada del mismo.

Podéis escuchar esta historia contada en primera persona en una genial entrevista realizada en el podcast de Fase Bonús.

Cuando el grafista y el programador estuvieron fuera del proyecto, se pusieron las repeticiones. Opción vistosa e innovadora, pero que consumía mucha memoria en los 8 bits. Como detalle curioso decir que hace poco en un podcast de retroinformática uno de los colaboradores contaba que la cámara lenta no era algo intencionado, sino que con aquel tamaño de píxeles el ordenador no era capaz de moverlo más rápido. En PC tampoco importaba demasiado -y me imagino que para este sistema sí se hizo intencionado lo de la cámara lenta, ya que se disponía de más memoria-. Aunque es verdad que era divertidísimo hacer un mate y vacilar a tu rival, cuando se jugaba a dos jugadores; al final, pasado un tiempo, acababas pulsando el espacio y no viéndolas.

El aspecto gráfico, así como el diseño de fondos y personajes son esplendidos; sobre todo, en la versión Amstrad. La versión de PC me encantó, pero también porque la jugué en un monitor monocromo y no tuve que soportar los horribles tonos morados que se utilizaba en los primitivos videojuegos, cuando aún no se había desarrollado el aspecto gráfico y las computadores de 16 bits no habían explotado todo su potencial.

El único pero de este adictivo videojuego es que a modo un jugador la jugabilidad se resiente. Me explico. Cuando juegas contra otra persona, a dos jugadores, no se convierte en un corre calles sin sentido. Es más parecido al baloncesto. Recuerdo que mi hermano y yo, por ejemplo, cuando metíamos canasta, nos íbamos a nuestra zona y dejábamos avanzar al contrario hasta el medio del campo. Contra la computadora, prácticamente, tienes que agarrar el balón y tirar a canasta, constantemente, sin ningún tipo de estrategia, porque no había forma humana de sobrepasarle. Lo que provoca que el videojuego sea muy aburrido, cuando juegas a un jugador.

Destaca también los efectos de sonido y la contagiosa música del videojuego. Las animaciones de los personajes —los sprites— son bastante buenas; tanto, como el movimiento de la pelota y las trayectorias que traza esta. Gracias a la sombra podemos situar perfectamente el lugar donde está el balón. Mención especial merece la incursión de las estadísticas de ambos jugadores durante el partido. Por aquel entonces, no sé si tan siquiera se hacía en televisión.

En definitiva, un videojuego excepcional, para jugar a dos jugadores; y algo más flojo, si no te queda más remedio que jugar tu solo contra la computadora.

De todas formas, si queréis un emulador gratis y no sabéis cual, mirad este enlace de los compañeros de Amstrad Esp -uno de los mejores sitios para saber más del Amstrad y donde podréis encontrar gran variedad de títulos clásicos y nuevos; sí, la escena retro está viva, aunque cada vez más parada en el caso concreto de Amstrad.

En caso, de que no sepáis o tengáis alguna duda o curiosidad al respecto, decidmelo en los comentarios, y os aclararé todo lo que esté en mi mano.

martes, 21 de febrero de 2012

Batman PC remake


La principal virtud de esta revisión del videojuego “Batman” (Ocean 1986) es la fidelidad y el respeto casi ceremonial con en el que Tomas Kaz y sus colaboradores han afrontado el reto de actualizar un programa mítico de los 8 bits —creado por el maestro Jon Ritman y su grafista Bernie Drummond en los años 80. 

Como ya hicieron con el impresionante remake que elaboraron de “Head over heels” (Ocean 1985), han respetando la perspectiva isométrica, el sistema de juego y el tono cómico y carismático del programa; centrándose en enriquecer la paleta de colores, potenciar el nivel gráfico, dotar a la animación de mayor fluidez y ofrecer un excelente sonido. 


Esta maravilla se puede descargar aquí, ya que tiene una licencia libre.

martes, 31 de enero de 2012

Mi primer PC

Era parecido a este, pero con una unidad.
A principios de los 90 -no recuerdo exactamente, pero debía de ser por esa época, pues creo que yo tendría doce o trece años- llegó un armatoste a nuestra casa, con el propósito de que mi hermano lo usase para programar. Yo no pude más que recibir al recién llegado con ciertas reservas. Pues su llegada obligó a que mi querido Amstrad CPC 464 tuviese que dejar su lugar de honor en la mesa de nuestra habitación, y quedara relegado a la de mi hermana. Su aspecto grisáceo no inducía a pensar en aquella máquina, que solo había visto en las oficinas de la época, pudiese ofrecerme más diversión que mi colorido Amstrad.

Pero mi hermano decía que los juegos eran infinitamente mejores que los ordenadores de 8 bits, a los que el armatoste doblaba en capacidad: 16 bits.


Así que le di un voto de confianza a aquel PC 2.8.6, con tarjeta gráfica CGA, monitor monocromo -gracias a Dios, no tuve que soportar los horribles tonos morado que se gastaba la tarjeta gráfica-, sonido PC. Pero a pesar de quedar embelesado con los discos de cinco y cuarto y disfrutar como un enano viendo que los juegos se cargaban en cuestión de segundos, no me hizo mucha gracia; y seguí dándole caña a mi Amstrad CPC 464.

Aunque para jugar al Amstrad debía sacar el teclado de un cajón, ponerle una tabla debajo que lo sostenía, conectar los cables y jugar empotrado contra el resto de cajones, situados por debajo del hueco del mueble donde descansaba el ordenador; pues ya en esa época empezaba a tener problemas con el espacio gracias –o más bien, por desgracia- a mi altura y la longitud de mis piernas. Sí, ya por aquel entonces empezaba a sospechar que no iba –literalmente- a encajar muy bien en el mundo que me rodeaba.

Recuerdo que el mueble era el típico que tenía todo el mundo, aquel de la cama que salía del mismo y que, creo, heredamos de un vecino.

Después decidí que lo mejor era agarrar el monitor y el teclado, y directamente montar el ordenador encima de mi cama y jugar sentado en la de mi hermano.

Por un tiempo mi hermano se dedicó exclusivamente al PC –situado en la mesa del ordenador de mi habitación-, y yo al Amstrad. Recuerdo que por aquella época jugué mucho al “Batman” de Ocean, y que cuando llegaba a una pantalla nueva, bajaba, le avisaba y los dos nos subíamos a intentar pasarnos la pantalla nueva, pues estábamos a un tris de terminar el juego sin cargadores.
 
Entonces ocurrió lo que me pareció una de las mayores desgracias del mundo, mi Amstrad CPC 464 dejó de cargar juegos. Aparentemente la unidad de casete se había roto, y habiendo un ordenador más potente en casa, sabía que mis padres no llevarían a arreglarlo. Y así, fue.  Además, por si había alguna duda, mi padre optó por regalarle el ordenador a un amigo del trabajo –curioso que mi PC proviniese también del trabajo de mi padre; aunque dudo mucho que hubiese podido llegar de otra forma hubiese podido llegar a casa, ya que por aquel entonces los precios de los PCs eran astronómicos- que le dijo que no se preocupara porque no cargaran los juegos, que lo quería para que lo usaran sus niñas pequeñas. Pobres, me imagino a esas niñas teniendo un ordenador que no cargaba juegos; aunque, claro, quizá su padre le puso una unidad de casete externa –cosa que yo no sabía que podía hacerse; y hoy en día tampoco estoy del todo seguro, pero imagina que sí se podía hacer, dado la estructura interna del ordenador- o lo arregló, sin más.
 
La pérdida de mi Amstrad me dejó un poco tocado, a pesar de que ya no era lo mismo porque no podía disfrutar de juegos a dobles con mi hermano. Creí que ya no iba a poder jugar más, pues los juegos grabados en los discos de cinco y cuarto me parecían todos malísimos; excepto el “Sokoban”, el cual era el único juego medianamente salvable y entretenido. Pero entonces mi hermano apareció con el “Budokan”, y ya nada volvió a ser lo mismo. Pues aquel juego era infinitamente superior a cualquiera que hubiese visto en Amstrad. Pasé horas jugando con él. Y luego vendrían otros que harían olvidarme del Amstrad durante años. Cómo podía acordarme de él, si fue el PC quien me permitió jugar con mi hermano al “Golden Axe” y me descubrió el que iba a ser mi género favorito: las aventuras gráficas, y en concreto: Lucas Art.
 
Esta entrada no tiene otro objetivo que dejaros claro que a partir de este momento, también empezaré a hablar de juegos clásicos de PC. Y como aparetivo, os dejo un curioso video que he encontrado, donde aparecen muchos grandes juegos –aunque no todos, claro- de la época.

Espero que os traiga tantos recuerdos como a mí -si eres "viejuno"- o te pique el gusanillo de querer saber más de los videojuegos clásicos de PC.