miércoles, 13 de junio de 2012

The Great Escape, versión Amstrad CPC


En 1986, la era de experimentación de los videojuegos empezaba a agotarse y  a encorsetarse en rigidísimos géneros que marcarían la pauta de las siguientes producciones, sin embargo, todavía se encontraban productos extraordinarios, revolucionarios que, aún con las carencias técnicas de la época, ensanchaban los limites de su todavía joven historia.
Dos años antes, en el 84, Ultimate había dado con Knight Lore lo que hoy se considera como uno de los avances más importantes de la evolución del videojuego: el paso a las 3D. Con vista isométrica, en lo que se llamó estilo Filmation, nuestro héroe recorría habitaciones llenas de trampas y plataformas entre las que se movía con soltura. Ese mismo año y el siguiente, muchas compañías, y ellos mismos, crearon nuevas aventuras que pulieron los detalles del estilo, gráficamente y de control sobretodo, y añadieron el scroll, como Gunfright de la misma Ultimate. Con estos precedentes, Denton desings se embarcó en el que sería su consagración final como desarrolladores: The Great Escape.
No quiero decir con ello que hasta ese momento fueran unos desconocidos, no lo eran. En 1985 ya habían conocido las mieles del éxito con Frankie goes to Hollywood. Obra de culto y claro precedente de The Great Scape, que merece, sin duda, otro articulo. Pero sería con este último titulo dónde encontrarían su estilo; una aventura 3d de exploración, con resolución de puzzles, con o sin la utilización de objetos, que llegaría a su máxima expresión en Where Time Stood Still (1988), que por su complejidad sólo corría en los ordenadores de 128k.
Volviendo al juego que hoy tratamos, The Great Scape nos trasladaba a la Segunda Guerra Mundial. Hemos sido apresados y nos encontramos en un campo de prisioneros en la Alemania Nazi. En medio de una verde colina, las tropas alemanas han establecido un pequeño campo de prisioneros, donde hemos ido a recaer junto con un buen puñado de compañeros de armas. Desde el momento en el que el anónimo protagonista oye la sirena que marca la formación matutina para la entrada al comedor, y que le hace salir a regañadientes de su destartalado camastro, su mente, al contrario de lo que expresan sus dóciles actos, sólo piensa en una cosa: ¡Escapar! 
El desarrollo es algo atípico, revolucionario y maduro. Carece del tempo mata-mata de la época, en los que desde la primera pantalla somos asediados por enemigos que acabaran con nuestra vida, si no somos lo suficientemente hábiles. El desarrollo es más pausado, y es necesario un tiempo de habituarse. Si dejamos el control del protagonista, el ordenador pasará a un manejo automático dónde sigue a rajatabla la rígida rutina del campo: formaciones, comidas, tiempo de gimnasia y horas de dormir. 
Una vez conozcamos la vida en la prisión, horarios y rutas de los guardias, es cuando podemos colarnos por sus rígidos engranajes para explorar zonas prohibidas, recoger los objetos que la cruz roja ha dejado para nosotros y, sobretodo, reunir lo necesario para la fuga. 
El mapeado es amplio, para un juego de la época y, lo que es mejor, coherente. Barracones de prisioneros, edificios donde están las cocinas o viviendas de los soldados, zonas de gimnasio e incluso túneles secretos a los que accedemos moviendo los muebles tras nuestro catre, y que conectaba distintas zonas. Todo rodeado por la omnipresente valla de alambre, algunas partes incluso protegidas por perros, y una sola puerta de entrada, permanentemente vigilada.
Gráficamente y, a pesar de ser monocromo, la aventura tenia un gran nivel. Lógicamente en la versión de Amstrad, un mero volcado de la de Spectrum, se echaba de menos una mayor riqueza de colores y efectos de sonido. 
Personajes grandes que se mueven suavemente en su isométrica perspectiva, pudiendo ver en pantalla varios soldados y prisioneros, ambos sprites perfectamente diferenciados, con edificaciones y zonas con gran detalle y un suave scroll. También incorpora una diferenciación entre el día y la noche. 
No llega a la perfección técnica que alcanzarían otras obras posteriores como Where the time stood still o la mítica Abadía del Crimen, pero en 1986 era difícil ver en pantalla algo más potente.
El apartado sonoro es anecdótico, ya que carece de acompañamiento musical, como todas las obras similares de la época. Los sonidos fx cumplían, sin ser ninguna maravilla, y no supone una gran diferencia el desconectar los altavoces. Está claro que no fue precisamente algo en el que los creadores invirtiesen la mayor parte de su tiempo.

En lo que brilla con luz propia es su apartado jugable. Como ya he comentado es una obra atípica. Necesitábamos ser reflexivos y pacientes pero no llegaba a ser aburrido, siempre pendientes de poder salir de la formación, coger ese traje de guardia, disfrazarnos y recorrer los barracones de soldados. En el campo de concentración había repartidos multitud de objetos que nos servían o bien para recoger otros o bien para huir. Pues no solo consistía en salir del campo en sí, relativamente fácil si se disponía de la tenazas que rompía la verja, sino que además teníamos que llevar un pasaporte y una brújula que impediría que nos volvieran a capturar una vez fuera. 

 
Os dejo un curioso video de juegos isométricos para Amstrad CPC, 
entre los que está the great escape.

La cosa se complicaba al poder llevar solamente 2 objetos simultáneamente, lo que hacia que debíamos hacer múltiples y peligrosas escapadas a los límites de la verja. Al ser prisioneros. no teníamos armas con la que defendernos de los soldados, así que la única manera de que no nos cogieran, si violábamos las normas, era huir de ellos o disfrazarnos. Aún así, siempre estaba el temible comandante, que era capaz, a diferencia de sus palurdos subordinados, de descubrir el engaño y de poner nuestros huesos en una celda de incomunicación. Este castigo hacía que nuestra moral, representada por una bandera que iba decreciendo de asta, bajara con el peligro de quedar completamente desmoralizados y nos resignáramos a una dócil estancia. Para recuperarnos podíamos utilizar objetos o recoger objetos.
En resumen, todo esto hacía del juego una obra adelantada a su tiempo, con una temática y desarrollo maduro, con infinidad de maneras diferentes de plantearlo y acabarlo, algo inaudito en la época, que ha sido muchas veces ninguneado y olvidado pero que fue un paso básico en la evolución de nuestra querida aficción.
De todas formas, si queréis un emulador gratis y no sabéis cual, mirad este enlace de los compañeros de Amstrad Esp -uno de los mejores sitios para saber más del Amstrad y donde podréis encontrar gran variedad de títulos clásicos y nuevos; sí, la escena retro está viva, aunque cada vez más parada en el caso concreto de Amstrad.
 
En caso, de que no sepáis o tengáis alguna duda o curiosidad al respecto, decidmelo en los comentarios, y os aclararé todo lo que esté en mi mano.



jueves, 7 de junio de 2012

Presentación de la antología "Sueños de Opio I Certamen" en Madrid


Os dejo la nota de presa de una presentación de un nuevo libro y audiolibro de Valentia Autores. Ahora no solo estoy metido en mil fragos, sino que me encargaré de hacer las presentaciones en Madrid de Valentia Autores. Espero que os animéis a venir:

El próximo día 9 de junio, en la librería Burma, a las 19.00h, presentaremos el libro y el audiolibro que reúne los relatos finalistas de este certamen literario, con la asistencia del escritor de “La caída del rey Bufón”, Roberto J. Rodríguez, ejerciendo de maestro de ceremonias; el actor Daniel Peña, responsable de la interpretación de alguno de los relatos para el audiolibro; y varios de los escritores de la citada antología.
VALENTIA AUTORES
http://www.grupovalentia.com/
ANTOLOGÍA
SUEÑOS DE OPIO I CERTAMEN”
19:00 HORAS DEL SÁBADO 9 DE JUNIO DE 2012.
LIBRERÍA BURMA (Ave María, 18 , 28012, Madrid
Tlfno. 915 748 354 - 600 735 746
Además de la obras presentadas, se podrán adquirir otros títulos editados por Valentia Autores, ya sea en formato físico o en audiolibro.


Me encantaría veros el sábado en la librería Burma; sobre todo, a aquellos que me habéis comentado alguna vez que os apetecería comprar "La caída del rey Bufón". No va a haber mejor ocasión.


domingo, 27 de mayo de 2012

Atic Atac, Spectrum

Como en los años ochenta fui usuario de un Amstrad CPC 464, hay videojuegos que desconozco porque no saliero para este sistema; pero que perviven en la memoria de muchos aficionados a la escena retro. Y “Atic atac” es uno de estos casos.

Supe de la existencia de este videojuego gracias a un buen amigo, usuario de Spectrum, y unos cuantos años mayor que yo. Tras su recomendación, instalé un emulador de Spectrum en mi PC, y me dispuse a disfrutar de un clásico de 8 bits que todavía no había catado; demostrando mi madurez, sí, pues en mi época de "Cpcero" jamás me hubiese "rebajado" a probar un videjuegos de Spectrum sin albergar prejuicios. Aunque he de reconocer, que todavía me cuesta un poco desprenderme de mi actitud militante.

Lógicamente, al contrario de lo que ocurre con los demás videojuegos de 8 bits, de los cuales he venido hablando —y seguiré haciéndolo—, no existe un elemento nostálgico, un lazo emocional, que provoque que jugarlo se torne algo especial y único. Afronto la experiencia sin ningún lastre del pasado. Esto no es ni bueno ni malo. Simplemente, hace que mi opinión sobre “Atic Atac” sea más aséptica. 

Si hay algo que nos mueve a todos aquellos que disfrutamos con la escena retro, es la huella indeleble de lo vivido durante nuestra más tierna infancia. Los videojuegos de 8 bits están arraigados en nuestra memoria, y los disfrutamos, no solo porque fueron buenos programas, sino, también, porque nos hacen retrotráenos a tiempos más ingenuos y a experiencia vitales que, por suerte o desgracia, jamás podrán volver a repetirse.

Pero dejémonos de añoranzas, y pasemos a analizar “Atic Atac”.

El videojuego fue desarrollado por los hermanos Tim y Chris Stamper. La perspectiva es cenital, aunque no del todo. Los hermanos Stamper tendrían que pulir lo que acabaría denominándose perspectiva isométrica; característica común en todos aquellos videojuegos que desarrollaron par los microordenadores de 8 bits. Después, vendrían otros clásicos, elaborados por la excelente compañía “Ultimate Play The Game”, nombre comercial de “Ashby Computers&Graphics”, como “Sabre Wulf”, “Underwurlde”, “Knight Lore”, “Alien 8”, “Nightshade” o “Gunfright”.

El videojuego tiene un sistema de juego muy sencillo: mezcla la videoaventura con el género arcade, aunque prima la acción. Los gráficos no son nada del otro mundo, pero cumplen sobradamente; más, tratándose de un videojuego publicado en 1983, cuando la informática y la industria de los videojuegos estaban aún en pañales. La paleta de colores del Spectrum está aprovechada hasta el límite.

Y al igual que ocurre con muchos de los primeros videojuegos, hay dos factores por los que este programa destaca especialmente: la originalidad y la adicción.

“Atic Atac” es puro entretenimiento, sin pretensiones. Los movimiento de nuestros personajes son rápidos y fluidos. Recordemos que, en aquella época, los programadores debían paliar la escasez de memoria de los microprocesadores de 8 bits, con cantidades ingentes de ingenio y atrevimiento. 


Debemos encontrar las tres piezas de una llave y escapar de un terrorífico castillo, mientras sus monstruosos moradores intentarán drenar nuestra energía, hasta darnos muerte. 

Un detalle original, y que llama poderosamente la atención —pues en la actualidad es algo normal, pero en aquellos tiempos fue toda una innovación—, es la opción de poder elegir entre tres personajes distintos para jugar: un mago, un caballero o un ladrón. En función de quien elijamos, usaremos unas habilidades y armas determinadas. Otro dato curioso, es que las armas rebotan en las paredes; lo que nos facilita golpear a nuestros enemigos, valiéndonos de carambolas y florituras varias.


 Para terminar, decir que, como ocurre con la mayoría de los clásicos de 8 bits, existe un remake de “Atic Atac”, el cual es de una calidad impresionante. Los gráficos mantienen la esencia, pero han sido mejorados, y el ritmo y la jugabilidad no deacae con respecto al original.






Ya sea con un emulador de Spectrum, ya sea instalando el remake, os recomiendo jugarlo. A ver si alguien hace una versión para Amstrad Cpc.

Sí, lo reconozco, sigo siendo pro Amstrad.

domingo, 20 de mayo de 2012

Audiolibro: "La caída del rey Bufón"



En la presentación de Madrid  de "La caída del rey Bufón", realizada en la maravillosa librería Burma -cuyos responsables nos colmaron de atenciones; y que todo aquel que guste de la buena literatura y del cómic europeo debería visitar-, le comenté al actor encargado de dramatizar la novela, después de oír un teaser del audiolibro, que sonaba mejor que en mi cabeza; y no exageraba. Sinceramente quedé impresionado cuando pude escuchar cómo habían adaptado mis palabras al audiolibro.

No esperaba un trabajo tan profesional y emotivo, porque no tenía un referente. Cómo iba a imaginar que mis colaboradores eran maestros en sus respectivas disciplinas.

Daniel Peña ha sido capaz de ponerme la piel de gallina con su voz; resulta increíble la infinidad de registros vocales que maneja y la emoción que transmite. Yo creí que haría una locución más o menos aparente, no una narración tan a flor de piel. Es un actor de doblaje con mayúsculas.

Manuel Santapau ha compuesto una banda sonora fascinante y evocadora -cada uno de los personajes tiene su propia partitura-; y ha podido contar con su compañero de grupo y todo un virtuoso del violín: Juan Carlos Navarro Gimeno. Más de cinco horas de música.

El audiolibro ha sido el regalo inesperado, no esperaba encontrarme con algo así. Quizá sea esta una de las nuevas formas que debe adoptar la literatura en estos tiempos de constantes cambios e incertidumbre.

Joseph, mi editor, ha tenido el acierto de reunir a un actor y dos músicos excepcionales, quienes se han dejado literalmente la piel para sacar adelante el audiolibro.

Y no hablo por hablar. Quien quiera comprobar la veracidad de mis palabras, solo tiene que escuchar el teaser de esta entrada.

"La caída del rey Bufón" ya no es mi obra, compañeros; ha crecido demasiado. Ahora es también vuestra. Daniel Peña, Manuel Santapau y Juan Carlos Navarro Gimeno son tan autores como yo.

Gracias por tomar mis palabras y elevarlo a la máxima potencia. No solo habéis sabido captar el subtexto de la novela, sino que la habéis hecho parecer mejor de lo que es en realidad.

Ahora, solo falta que, vosotros lectores, le deis una oportunidad al libro o al audiolibro –o ambos, pues se complementan a la perfección- y los compréis para comprobar de primera mano de qué os hablo.

viernes, 18 de mayo de 2012

Presentación en Madrid de "La caída del rey Bufón"

Recordad que este sábado es la presentación de "La caída del rey Bufón" en Madrid, y aquellos que me comentásteis que queríais el libro tendréis la oportunidad de comprarlo físicamente en la librería.

 LIBRERÍA BURMA
Calle Ave María 18 Madrid (centro)
Sábado 19 de mayo a las 19:00
La caída del rey Bufón
De Roberto J. Rodríguez
Presentación de libro y audiolibro, con la participación del actor Daniel Peña y el compositor Manuel Santapau.

jueves, 10 de mayo de 2012

Presentación en Valencia y Madrid de "La caída del rey Bufón"

Para todos aquellos que queráis comprar la novela y que os la firme con mi espantosa letra -soy escritor, no rotulista-; además de descubrir en directo el estupendo trabajo que han hecho el actor Daniel Peña y el compositor Manuel Santapau con el audiolibro, os invito a venir a cualquiera de las dos presentaciones de mi novela: "La caída del rey Bufón".








Zona Mestalla Calle de Amadeo de Saboya 17 Valencia
Sábado 12 de mayo a las 19:00
La caída del rey Bufón
De Roberto J. Rodríguez
Presentación de libro y audiolibro, con la participación del actor Daniel Peña y el compositor Manuel Santapau. 


 LIBRERÍA BURMA
Calle Ave María 18 Madrid (centro)
Sábado 19 de mayo a las 19:00
La caída del rey Bufón
De Roberto J. Rodríguez
Presentación de libro y audiolibro, con la participación del actor Daniel Peña y el compositor Manuel Santapau. 

martes, 8 de mayo de 2012

"El hombre sin pasado" (Ajeossi), de Lee Jeong-beom




UN POEMA ÉPICO DE PERDEDORES, UNA PELÍCULA DE ACCIÓN A RAUDALES.


Cuando uno empieza a preguntarse si su pasión por el séptimo arte comienza a languidecer, pues la mayoría de los títulos occidentales –y en mayor medida los venidos desde Hollywood- no suelen llenarle y la indiferencia se torna un sentimiento predominante al abandonar las salas de los cines o al levantarse del sofá, después del visionado de una película, no existe mejor remedio que volver los ojos hacia Asia; en esa parte ignorada del mundo se están tejiendo unas interesantísimas filmografías, cuyo único defecto es no disponer de la promoción y la distribución de occidente.

Desde hace años un grupo de cineastas coreanos están convirtiendo la filmografía de su país en una fuente inagotable de buen hacer. El cine coreano –al menos en lo que se refiere a talento– goza de una salud envidiable y cada año se estrenan unas cuantas grandes películas.

Aquellos que vemos en el cine sin prejuicios, estamos siendo testigos de un momento histórico; nos encontramos ante una generación de directores que probablemente se convertirán en los principales referentes de las próximas generaciones.

Si los cineastas de USA tuvieron a la filmografía francesa e italiana como espejo en el que reflejarse –y en menor medida, la japonesa, con Yasujirō Ozu o Akira Kurosawa como máximos exponentes-; y luego los europeos y los japoneses, a su vez, se fijaron en los cineastas norteamericanos de USA. Las próximas generaciones de cineastas de todo el mundo tendrán que fijarse, sin ningún género de dudas, en la brillante oleada de directores coreanos independientes –en el ámbito intelectual, no financiero– que están surgiendo en estos inicios del siglo XXI. 

 

En efecto, la ola que está pasando ahora, y que muy pocos parecen ver, a falta de un nombre rimbombante, acabará por estudiarse en las escuelas de cine. En un futuro cercano, sin no se comete una injusticia atroz, no nos resultarán tan exóticos y desconocidos nombres como Park Chan-wook (“Oldboy”, 2003), Kim Ki-duk (“Hierro 3”, 2004), Ji-woon Kim (“Encontré al diablo”; I Saw The Devil, 2010),  Bong Joon-Ho (“Mother”, 2009), Na Hong-jin Chugyeogja (“The Chaser”, 2008) o el director de “El hombre sin pasado” (The Man From Nowhere, 2011):  Lee Jeong-Beom.


Por desgracia, solo nos llegan las películas asiáticas de los directores que triunfan en los festivales más populistas, obligando a aquellos que sentimos predilección por el nutrido grupo de extraordinarios cineastas que ruedan allí, a buscarnos la vida para poder ver alguna de sus impresionantes películas.

Menos mal que aún existen ciclos como el de la Filmoteca de Madrid, donde este año hemos podido disfrutar de unas semanas de cine dedicadas a Hong Kong y a Corea del Sur.

Pero la vida comercial de los filmes asiáticos en las carteleras es exigua. Por lo que los amantes de sus filmografías –y del cine en general– no podemos más que frotarnos las manos y agradecer que distribuidoras como “Mediatres estudio” arriesguen y nos traigan películas de una calidad elevadísima, como el caso que nos ocupa: “El hombre sin pasado”.

“El hombre sin pasado” es una hermosa y lírica historia de amistad entre un hombre que ha perdido las ganas de vivir y una niña que no entiende el mundo cruento donde ha nacido. Redención y amor van de la mano en un drama de acción que hace de la contención y la sobriedad sus principales virtudes; salpicados de un humor sutil y que no entorpece la trama.

En esta película nadie proclama a los siete vientos lo mal que lo está pasando, basta un plano de los ojos de la niña o del hombre “corriente” al que hace mención el título original para que los espectadores sientan en carne propia toda la angustia y la desesperación con la que viven, o que entiendan el férreo sentido del honor que albergan incluso los personajes de dudosa moralidad que los acompañan en una persecución hacia la muerte y el perdón.

“El hombre sin pasado” es una película de acción reflexiva, con repentino estallidos de violencia explícita; no porque se vea, sino porque se siente casi de forma literal. La épica impregna cada uno de los fotogramas de la cinta. No obstante, el personaje principal no es más que un Ronin moderno en busca de redención.


Las interpretaciones, sobre todo de la pareja protagonista, son excepcionales. Kim Sae-Ron, quien ya nos rompió el corazón con su interpretación de una niña abandonada por su padre en “A brad new life”, conmueve con su sola presencia. Y Won Bin, en un papel completamente diferente al de “Mother”, es capaz de parecer el tipo más letal del mundo y el más bondadoso en función de las necesidades de la historia, en una mezcla compleja y explosiva.

Resulta fascinante como Lee Jeong-Beom planifica las vistosas y elegantes secuencias de acción. A pesar de todos los desplazamientos que se dan al mismo tiempo, dentro y fuera del encuadre, tanto de personajes como de objetos materiales, el espectador sabe donde están ubicados los personajes implicados en el conflicto y nunca surge la confusión.

Nadie debería dejar pasar esta brillante película de acción.