miércoles, 12 de septiembre de 2012

Total Recall (2012), de Len Wiseman



LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA

Por lo visto en los trailers -los cuales no le hacen ninguna justicia al filme- y por ser un remake de una película de culto, uno no podría más que esperar otro remake mediocre, cuya única virtud sea la de inducirte a ver el original para reconciliarte con la historia. Pues nada más lejos de la realidad. “Total Recall” es una película enérgica, con entidad propia, que te deja sin aliento; entretenida y directa; dirigida con un pulso narrativo y un ritmo trepidante, así como una planificación técnica sobresaliente a la hora de encarar las escenas de acción; aunque a veces peca de los mismos excesos que “Minority Report”.

Uno de los puntos fuertes de esta revisión del clásico de Paul Verhoeven es la excelente ambientación, deudora de los maestros del cómic de ciencia ficción europeo y el manga apocalíptico y futurista. Obviamente, la película también está muy influida por el ambiente tétrico y melancólico de “Blade Runner” -que ya bebía de las mismas fuentes- y la citada “Minority Report”.

En contra, podemos decir que el guion de “Total Recall” es algo forzado, tendiendo los personajes a explicar más de la cuenta en sus diálogos, en lugar de mostrárnoslo; por ejemplo: el personaje de Colin Farrell le cuenta a su amigo que está hastiado, pero ese sentimiento no se transmite en imágenes. El final de la trama es poco atrevido y complaciente. El argumento amaga con golpearnos en la boca del estómago varias veces, con giros y resoluciones tan inesperadas como brutales, pero director y guionista se muestran demasiado cautos y condescendientes con sus personajes como para llevar sus decisiones hasta sus últimas consecuencias -la tragedia no puede entenderse a medio gas; una pena que en Hollywood no se den por enterados-. Chirría un poco el hecho de que el protagonista se sienta miserable encontrándose casado con una bellísima mujer -aunque eso ya ocurría en la original-. La historia hubiese ganado en realismo sucio con un reparto femenino compuesto por actrices que no tuviesen aspecto de modelo maquilladas para seguir estando preciosas a pesar de las circunstancias. Y ojo, que ellas no están mal -mejor Kate Beckinsale, en su papel de esposa convertida en implacable perseguidora de su marido, que su némesis: Jessica Biel, que ejerce de sacrificada compañera rebelde de Colin Farrell -quien cumple con sus dos roles de forma más que correcta.

Otro de los puntos negros del filme es que en algunos momentos se hacen concesiones al cine más comercial: recreándose en los efectos especiales; alargando en exceso alguna secuencia de acción; reduciendo el desarrollo de personajes a la mínima expresión; evitando, una vez comienzan las hostilidades, intercalar escenas pausadas -las cuales son vitales para que el espectador respire y lograr que las secuencias trepidantes no pierdan fuelle a medida que se suceden...

Aun con todos sus defectos, la película no se resiente; los conceptos innovadores -el ascensor que atraviesa el mundo de lado a lado es todo un hallazgo- y las secuencias brillantes predominan sobre los aspectos negativos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Las mil caras de Nyarlathotep


Debido a que estás últimas semanas han sido algo caóticas, no he podido avisar de que "Las mil caras de Nyarlathotep" ya está a la venta. Me siento orgullosísimo de formar parte de una antología coordinada por el incansable y talentoso Ruben Serrano -quien esta vez también nos brinda un relato- y un nutrido grupo de excelentes escritores de Nocte -donde me incluyo; no en lo de excelente, sino en lo de Nocte. 

El libro, al igual que "Los Nuevos Mitos del Cthulhu", se puede encontrar con relativa facilidad porque está en librerías y en grandes superficies comerciales. Si no lo veis, preguntad. Que yo el otro día me pasé por el Fnac de Madrid para verlo -todavía me hace ilusión ver mi libro en una tienda-, y me llevé un chasco innecesario; más tarde me enteré de que sí estaba. Lo que pasaba es que no está en la mesa de novedadedes, sino con los libros de bolsillo. También se puede comprar por Internet, claro.

 
Yo colaboro con el relato "Embaucadores".

Os dejo la nota de prensa:

La editora de juegos Edge Entertainment, que inauguró el año pasado la línea Edge Books con la antología de relatos de horror cósmico materialista Los nuevos Mitos de Cthulhu (que arropó  la salida al mercado de la nueva edición del juego de rol La llamada de Cthulhu, conmemorativa del 30º aniversario) saca ahora el segundo volumen, titulado Las mil caras de Nyarlathotep.

En esta ocasión, el libro acompaña al relanzamiento y salida al mercado de Las Máscaras de Nyarlathotep, la memorable campaña de juego de Chaosium para La llamada de Cthulhu, en su edición completa y revisada.

La antología ha sido compilada y dirigida por el escritor y antólogo Rubén Serrano, y recoge un total de dieciséis relatos, escritos en exclusiva para Edge por autores pertenecientes a Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror.

El volumen incluye los relatos El horror acecha, de Rubén Serrano; Masa encefálica, de  Julián Sánchez Caramazana; La Sombra tras Fukushima, de  Juan Díaz Olmedo; Caperucita Roja y el Circo de los Susurros, de  José María Tamparillas; Un eclipse desafortunado, de Miguel Puente Molins; El Rey del Otoño, de  J. J. Castillo; La segunda naturaleza, de Ángel Luis Sucasas; Las flores de Tefía, de  Javier Quevedo Puchal; Vigilia, de Anna Morgana Alabau; Embaucadores, de Roberto J. Rodríguez; Non describitur, de Andrés Abel; La religión es el opio del pueblo, de  Juan José Hidalgo Díaz; Trepanaciones, de Juan Ángel Laguna Edroso; El tormento del embajador, de  Joaquín Fernand; La Feria Amarilla, de Carlos L. Hernando; y La casa del sueño, de  José Luis Cantos.

Al igual que he hecho con todos los demás libros, dejo una foto de la portada, en la columna de la derecha. Pinchad sobre él, y podréis acceder a la tienda de Edge.

¡Disfrutadlo! Y si os apatece, comentarme si os ha gustado o no, y por qué.


jueves, 6 de septiembre de 2012

DREDD (2012), de Peter Travis.




UNA ADAPTACIÓN IMPECABLE

La decisión de evitar abarcarlo todo y optar por ofrecernos una película donde suceden pocas cosas es un acierto; así como el hecho de tratar de respetar al máximo la esencia del personaje, siendo esta su principal virtud.

Esta película es la antítesis de la protagonizada por Sylvester Stallone en los años noventa. Es como si los responsables de la misma hubiesen revisado la cinta anterior, eliminado todos los elementos superfluos de la misma y potenciado aquellos que pasaron inadvertidos o directamente se obviaron. 

La película nos narra el fatídico primer día de la Juez Anderson, quien poseé poderes psíquicos y un idealismo que se irá viendo diezmado a medida que su personalidad va evolucionando y la situación en la que ambos jueces se ven inmersos adquiere tintes morales más complejos.

Anderson sirve como motor narrativo para que los espectadores puedan ir descubriendo a través de sus ojos el mundo futurista y totalitario donde los policias aplican la ley de forma violenta e inclemente; ya que tienen potestad para detener, juzgar y ejecutar las sentencias de muerte al instante.

La presencia de la novata es importantísima para darle al argumento una cierta carga emocional. Aunque Anderson se irá endureciendo a marchas forzadas; es eso, o la muerte. También, la ausencia de casco -ya que este impide que sus poderes psíquicos funcionen de forma correcta- vale como espejo amplificador de la escasa humanidad del incorruptible e implacable Juez Dredd -víctima insconsciente del sistema; cuya única obsesión es hacer cumplir la ley sin cuestionarla- y permite que el espectador pueda empatizar del alguna forma con el encargado de acompañar y evaluarla durante ese primer día de servicio.

Esta vez sí, la historia respeta la idiosincrasia del personaje, y Dredd -creado por John Wagner y Carlos Ezsquerra para la revista 2000 AD- no se quita el casco en toda la película. 

Dreed” es una película de acción trepidante, que no olvida el transfondo paródico y de crítica social con el que nació el personaje hace más de treinta y cinco años, época en la que la alargada sombra de Margaret Thatcher provocó que la política de “mano dura” en Inglaterra se viera incrementada y favoreciese las diferencias sociales y la opresión de determinados colectivos; pero cuyo principal objetivo es entretener.

Por eso mismo, el filme utiliza solo el transfondo social como escenario y contexto de una historia donde la violencia extrema contrasta con la falta de reacción por parte de los jueces que la ejercen, en contraposición con el histrionismo de los criminales implicados en el asedio.

Probablemente, en la más que previsible secuela -basta que la película haga unos buenos números en taquilla- se hará más hincapié en la situación sociopolítica, sin dejar de lado la acción desenfrenada; se ahondandará más profundamente en las sangrantes direfencias sociales y económicas que posibilitan que una élite disfrute de una vida de lujo y comodidades mientras los estratos más pobres de la sociedad se pudren hacinados en interminables torres de hormigon; y se tratará de explicar por qué la delincuencia crece, exponencialmente, a medida que las leyes se endurecen y las drogas químicas se convierten en la panacea una vida miserable y sin expectativas de cambio. 

 
Peter Travis, director de la cinta, ha dado en el blanco a la hora de darle vida al guion sencillo, directo y sin fisuras de Alex Garland. Este filme parece estar rodado con el espíritu libre y sin concesiones de una producción independiente de bajo presupuesto: pocos personajes, sangre a raudales, secuencias desagradables; prácticamente una única localización; una trama sencilla y directa; secuencias rodadas a cámara superlenta, con claras intenciones artísticas, pero sin la pretensión de deleitar, sino de tratar de captar la sensación de un “chute” y contrastar con la rápidez de un montáje excelente, cuyo ritmo endiablado se consigue sin la necesidad de apabullar con los planos incluidos en las distintas secuencias que componen la película-; y una fotografía sucia y envejecida que enriquece el metraje con una textura devaluada; ideal para representar una sociedad en franca decadencia.

Tampoco, como ya hemos mencionado, Travis escatima en sangre, vísceras y secuencias truculentas, al igual que en las historietas británicas. Tal vez se hecha un poco de menos el humor negro que destilan las páginas del cómics. Aunque quizá sea mejor que no se hayan inclinado por la parodia exagerada; la medida justa del humor y el tono de este pueden echar a perder unos buenos personajes y una buena historia.

 La película no es una obra maestra -de hecho, puede aburrir e incluso enfadar a aquellos incautos que entren en la sala sin saber qué es Juez Dredd y esperando un cuidado desarrollo de personajes, una trama compleja o una experiencia metafísica-, pero es una adaptación perfecta del personaje. Probablemente, si no te gusta este filme, tampoco lo harán las historietas del personaje -y viceversa- porque el tono está captado de forma prodigiosa.

Para finalizar, cabe destacar la excelente presencia de Karl Urban como Dredd -en un poderoso ejercicio de falta de ego- quien nos ofrece una interpretación potente y fiel del Juez Dredd, valiéndose solo de la voz -indispensable verla en versión original- y del lenguaje corporal. También cumplen de manera eficaz Lena Headley -interpretando a una prostituta y drogadicta convertida en capo del crimen- y sobre todo, Olivia Thirby, quien le da el aire de fragilidad e inocencia que necesita el Juez Anderson.

martes, 4 de septiembre de 2012

LAS AVENTURAS DE TADEO JONES, de Enrique Gato.


 TÉCNICAMENTE SOBRESALIENTE, PERO POCO MÁS.

Las aventuras de Tadeo Jones” es una película de animación que puede sacar pecho y tutear a cualquier producción venida de allende los mares, a pesar de las abismales diferencias de presupuesto y medios existentes entre esta película y las producciones de Hollywood; nada tiene que envidiar a la última propuesta fílmica nacida en los estudios Pixar, Dreamworks o cualquier otra productora dedicada a la animación digital en lo que se refiere a los apartados puramente técnicos.

La película, dirigida por Enrique Gato, está repleta de aciertos, como, por ejemplo, un personaje protagonista carismático y perdedor que bien podría haber parido la mente de JAN -prestigioso guionista y dibujantes de historietas que nos regaló la creación de uno de los iconos de la historieta: SuperLopez-; a quien el director de este filme homenajeó en su primer cortometraje de animación, un ejercicio sin paliativos de yo me lo guiso, yo me lo como, titulado: “Superlopez contra el robot de bolsillo”.

Tadeo es un zoquete de buen corazón, capaz de perpetrar heroicidades sin pretenderlo, quien ya había aparecido en un par de cortometrajes previos, dirigidos también por Gato. Su contrapartida femenina, Sara, no se queda a la zaga; jovencita de armas tomar, quien desborda una sensualidad poco acostumbrada en este tipo de producciones; lo que permite darle un toque picantón a alguno de los chistes visuales más logrados -siempre mostrados de soslayo o en segundo plano-; así como propiciar una escena romántica donde podemos ver un beso apasionado entre dos personajes animados. También podemos encontrar algo -poco, por desgracia- de mala leche en ciertas parodias y un “pseudohumor” negro blanqueado. Aparte, claro, de escenarios exóticos y monumentales recreados con un realismo sublime, cuya irrealidad solo se distingue por la presencia de los personajes con el aspecto caricaturésco marca JAN. E infinidad de guiños al cine de aventuras de los ochenta y en especial a la saga de Indiana Jones.

Nos encontramos ante una película interesante y necesaria dentro de la filmografía española, pero ni por asomo redonda. Los personajes secundarios están desaprovechados y resultan algo descafeinados en su mayoría -no en su diseño, sino en su desarrollo y diálogos-; ninguno de ellos acaba de ser tan graciosos como da la impresión que pretenden serlo, aunque haya alguna escena divertida y el producto final es lo bastante entretenido como para que guste a la mayoría del público y pueda verse con una sonrisa dibujada en la boca.

La pena es que da la impresión de que el temor a desagradar a algún sector del público, y que esto afecte a la taquilla, ha provocado que la película no oscile hacia el humor cafre -aunque sin obscenidades- y comedidamente gamberro de “SuperLopez”, ni tampoco hacia la aventura desenfrenada de las primeras tres películas de Indiana Jones, quedándose en tierra de nadie; es decir, no es una película que nos hará reírnos hasta la extenuación y tampoco nos hará clavar las uñas en los brazos de las butacas fruto de la emoción. Se deja ver, sin más.

Quizá por miedo al fracaso, los responsables de “Las aventuras de Tadeo Jones” no se atreven a salirse un ápice del patrón universal que parece haberse establecido a la hora de afrontar una película digital: canciones pegadizas; actores populares de televisión o cine poniendo voz a los personajes; diseños pensados para el merchandising; personajes secuendarios cargantes, que pretenden ser el alivio cómico del filme; acción trepidante, aunque de cartón piedra, donde no existe la percepción de verdadero riesgo y los protagonistas se enzarzan con los villanos en medio de escenarios más propio de un videojuego de plataformas que de una película; humor políticamente correcto -aunque aquí si se muestra más valentía, con algunas gotas puramente autóctonas-, por si acaso; argumentos tan fáciles de seguir como previsible; ciertas concesiones para poder vender el producto internacionalmente, como la secuencia del torero -graciosa, pero que ahonda en los insufribles tópicos-...
Pero estos no son defectos exclusivos de esta película, no nos llevemos a equívoco, sino que empieza a ser una peligrosa constante lo de nadar y guardar la ropa en las películas de animación; salvo horronsas excepciones, claro.

Esperemos que esta tendencia se corrija pronto, pues podría ser la losa que provocara que el talento existente en este mundillo digital quedase enterrado y sometido a los ferreos estudios de mercado; y no hay que olvidar que la animación -tanto la infográfica como la artesanal- nacieron con vocación de expresión artística.

Las aventuras de Tadeo Jones” no se salva de dicha tendencia, pero resulta un producto digno, que merece verse sin demasiadas pretensiones y que, visto así, a buen seguro puede disfrutarse por menores y adultos, como ya pasó con otra producción española: “Planet 51”.


 El mencionado corto de SuperLopez

lunes, 6 de agosto de 2012

Hero, de Zhang Yimou



Zhang Yimou siempre había sido un declarado aficionado a las películas de artes marciales, aunque su carrera cinematográfica se decantase por lo que se suele denominar: cine de autor. Sus películas estaban fuertemente arraigadas en la realidad y los conflictos humanos importaba más que la acción que se desarrollaba en pantalla. Durante un tiempo sus películas fueron aclamadas por la crítica europea y los festivales se pelearon para conseguir proyectarlas; y con razón, pues la filmografía de Zhang Yimou es impresionante. Películas, como su ópera prima, “Sorgo Rojo” (Hong gao liang, 1987) dejan clara su valía para captar algo tan difícil, y a la vez importante, como es la emoción humana.
 
Qué paso después, para que los sesudos críticos se fuesen olvidando de él y los festivales no lo requiriesen con tanta existencia. Lo que suele ocurrir, Zhang Yimou se apartó del camino que los intelectuales consideran que debe seguir todo director interesante que se precie de serlo, y comenzó a rodar películas de aventuras, artes marciales y fantasía. A partir de ese momento, sus películas gozaron de mucha menos atención por parte de los Europeos. En el viejo continente nos cuesta muchísimo todavía entender que una película de género puede tener tanto o más contenido intelectual y social que una de autor.

Y lo más curioso de todo es que “Hero” es una película cargada de contenido, no solo un bonito envoltorio para permitirnos un par de horas de evasión. “Hero” habla de lealtad, amor, honor y sacrificio. Los personajes anteponen el bien común -o lo que ellos creen que es el bien común- a su propia vida, mientras se nos narra una historia de venganza. No hay personajes planos, a pesar de que la información que se nos prorciona sobre ellos es minimalistas. El villano de la película es un hombre cruel, un tirano en toda regla, pero en su corazón está enquistado el miedo a ser asesinado y la desesperación a ser incomprendido por su pueblo y por la historia. 

 
La película también nos plantea preguntas interesantes y polémicas, como si es mejor vivir en guerra entre los hombres y mujeres del mundo o “habitar todos bajo el mismo cielo”; tradujese esto como “someterse” al rey más poderoso y firme con el fin de que los demás reinos dejen de guerrear entre sí y los aldeanos, quienes sufren las brutales consecuencias del conflicto, puedan vivir por fin en paz. Pues la lucha entre los reyes de los siete reinos, del territorio que luego sería China, hace más de 2000 años, donde está ambientada la película -época a la que los cineasta del citado país acuden asiduamente, por tratarse de un momento tan convulso como clave para su Historia-, solo parece importarle a los reyes; al igual que hoy la guerra es una cuestión de intereses económicos y estratégicos, donde los altos mandatarios -legítimos o no- se empeñan en salvarnos del mal sembrando el caos. La mayoría de los seres humanos no tienen ningún interés en los tejemanejes militares y políticos, sólo quieren vivir en paz y no pasar penurias ni ser carne de cañón en un guerra que ni siquiera entienden. Resulta curioso que una historia de hace más de 2000 años siga teniendo vigencia, como si no hubiésemos aprendido nada.

Pero la película no solo está cargada de capas y contenidos que sirven como semilleros ideales para desembocar en interesantes conversaciones tras el visionado de la misma, sino que es un filme de artes marciales en estado puro; concretamente se engloba en el género denominado como Wǔxiá (cuyo significado es algo así como "caballeros o héroes de las artes marciales"). 
 
Hero” es un poema épico de imágenes en movimiento. Las secuencias de acción son hermosísimas en todos los aspectos: técnico, interpretativo y emocional. Abundan los planos generales, donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor, frente a la insignificancia del individuo y la indeterminación de las masas guerrilleras. 


Todo es dinámico y hermoso en este filme: el tempo narrativo pausado; los primerísimos primeros planos, en contraposición a los generales; la acción ralentizada y alegórica que nos permite disfrutar de la motricidad marcial de las figuras humanas, enfrascadas estas en luchas tan gráciles como violenta; la caligrafía que se fusiona con el esgrima; el viento agitando los cabellos de los personajes; las hojas revoloteando como insectos; las gotas de agua eclosionando; la majestuosa banda sonora: las telas resonando; los filos de las espadas rasgando la superficie del agua; los matices de los rostros, conscientemente contenidos, de grandísimos actores chinos -donde destaca el maravilloso Tony Leung Chiu Wai- y reputados artistas marciales -Donnie Yen (quien, a mi modo de ver, es el digno sucesor de Bruce Lee; si el maestro no hubiese muerto, haría papeles similares a los de este) o el protagonista Jet Li (mucho más entonado cuando trabaja con directores chinos que en producciones americanas)-; las texturas cromáticas, las composiciones y juegos de luces... cada plano de esta película está rodado con una minuciosidad y un gusto esquisito.

Lógicamente, este tipo de cine para aquellos que no están acostumbrados a él puede resultar difícil, porque el hecho de que los personajes rompan las leyes de la física y corran por los aires o por encima de la superficie del agua o por las copas de los aires les puede sacar de quicio. Pero cuando uno asiste a la proyección de una película de esta características debe entender que existe una coherencia interna dentro de la misma película y que las leyes físicas no funcionan como en nuestro mundo, con el propósito de mostrarnos las excelencias de las artes marciales desde una perspectiva emocional y no realista. Lo que no le resta un atisbo de tragedia a la trama, pues todos los personajes están en ingualdad de condiciones, ya que habitan la misma realidad cinematográfica.

Además, asistimos al original y épico enfrentamiento entre dos maestros de las artes marciales, como son los citados Jet Li y Donnie Yen, esperado por muchos aficionados a este maravilloso género cinematográfico y rodado de una forma prodigiosa por Zhang Yimou.

lunes, 23 de julio de 2012

The Amazing Spider-Man




UNA PELÍCULA INNECESARIA

Este reinicio fílmico se inspira claramente en un cómic guionizado por Bendis y dibujado por Bagley: “Ultimate Spiderman”. El cómic en cuestión está fuera de la continuidad convencional y apareció, hace más de diez años, con el propósito de intentar captar a nuevos lectores. Por desgracia, aparte del diseño de vestuario y sobre todo, lo mejor de la película, las secuencias en las que Spiderman se balancea con su red por la ciudad de New York -cuyos planos aéreos parecen calcos de las impresionantes composiciones que nos regaló Bargley- poco más podemos encontrar en común.

Para ver lo bien que funciona “Ultimate Spiderman” bastaría con publicar un volumen que recopilase las viñetas donde el protagonista es Parker, obviando las páginas dedicadas a su álter ego superheróico. Entonces, nos encontraríamos ante un magnífico melodrama sobre la adolescencia y la vida en el instituto. Si hiciéramos lo propio con el filme, ¿qué nos quedaría?: Nada.


Dibujo de Bagley para Ultimate Spiderman

Los pequeños cambios del origen no justifican una nueva película y de hecho funcionan de forma nefasta tal y como son utilizados. El Lagarto es un personaje que no tiene sentido si no se presenta como un hombre con un descomunal sentimiento de culpa, obsesionado con sanar la amputación de su brazo, enfermo e inseguro. La presencia de su hijo y de su esposa y sus constantes fracasos de contener a su Yo Lagarto son elementos dramáticos vitales para entender la idiosincrasia del personaje; en la película se prescinde de ellos y apenas se nos da información de él, salvo aquella que está explícita en sus diálogos. La dualidad existente entre el cerebro científico y el instinto ni siquiera se plantea. Connors no tiene una sola escena memorable, como sí ocurría con los villanos de las dos primeras encarnaciones del personaje.

El Lagarto hubiese estado mejor caracterizado con maquillaje, vistiendo la bata destrozada y dotándole de proporciones menos exageradas; es decir, humanizándolo. Porque tal y como lo presentan en pantalla lo único que consiguen es restar “realismo” al filme. 

El Lagarto en los cómics
 
El tío Ben no goza de un mayor peso en la historia que en anteriores reencarnaciones. Harry Osborn, el mejor amigo de Parker, quien sirve como espejo distorsionado del héroe, no aparece. Su padre, Norman Osborn, se le menciona y poco más. Los secundarios brillan por su ausencia. Con Flash Thompson, el abusón del instituto, se amaga con darle una mayor profundidad psicológica y que no se limite a ser solo el que le hace la vida imposible a Parker; no obstante, tanto en la continuidad convencional como en el universo Ultimate llegan a ser buenos amigos. Pero sin saber por qué, este desaparece del metraje, aunque luego aparece al final, como ocurre con todo el entorno del instituto. Los personajes de la redacción del “Daily Bugle”, fundamentales en la mitología de Spiderman, tampoco aparecen. La insulsa relación con Gwen Stacy se vale de todos los trucos propios del romance más facilón, más concretamente del estilo “Crepúsculo”, para tratar de contentar al público más joven.

lunes, 16 de julio de 2012

Noches Frikis

Esta sección ya existe en el blog hermano "Corruption Production", pero debido a que este por una cuestión de tiempo y logística ha quedado momentáneamente parado -asuntos personales, laborales, así como recientes paternidades, nos impiden, por el momento, seguir adelante como nos gustaría a todos- he decidido traspasarla a este blog hasta que "Corruption Production" recupere la normalidad. 

La sección no es más que el resultado de nuestra cultura de Video Club, espacios sagrados para quienes éramos niños por aquel entonces y nuestras posibilidades de ir al cine por cuestiones económicas y de edad eran limitadas. En aquellos lugares atestados de estanterías podíamos pasar hora solo trasteando y contemplando la carátulas de las cintas BETA y VHS.  El peor y el mejor cine convivían en un mismo espacio. Las películas de Lucio Fulci podían encontrarse en la misma sección dedicada al western -"Las pistolas cantaron a muerte"- donde se encontraban  las obras maestras de John Ford ("La Diligencia") y a nadie parecía importarle. Para bien o para mal, no existían clasismos.

Por eso mismo, "Noches Frikis" tiene como objetivo ofrecer tres platos: un primero, un segundo y un postre cinematográficos de dudosa calidad. No siempre serán películas malas, pero en su mayor parte aparecerán filmes de los que muy poca gente ha oído hablar o recuerda a duras penas. Las cuestiones por las que estás cintas serán elegidas se expondrá en las distintas entradas.

Mi prosa aquí estará acorde con las películas; es decir, estará menos cuidada que en mis demás escritos, porque estas película requieren un enfoque más gamberro que mis avances y críticas para Scifiworld.

Y para empezar, qué mejor que una "Noche Friki" dedicada a los superhéroes de los noventa:

Dos de las cuales —"El Castigador" (The Punisher) y "El Capitán América"— aborrecí y maldije con todo mi ser en su día, después de alquilarlas en el vídeo club de mi barrio, porque les daba la razón a los que decían que quienes leíamos cómics éramos una panda de descerebrados. Nunca se estrenaron en cine. Aunque luego, pasado el tiempo, no puedo más que reconocer, no sin cierta vergüenza, que disfruto del visionado de ambas, con una sonrisa socarrona en la boca.

La tercera —"Los Cuatro Fantásticos", perpetrada por la Factoría de Roger Corman, también en la década de los noventa—ni siquiera se estrenó para el mercado del vídeo; se rodó exclusivamente para que la compañía propietaria de los derechos de los personajes pudiera retenerlos.

Durante mi infancia y adolescencia, cuando se hablaba de la posibilidad de que adaptasen un cómic de Marvel o DC a la gran o pequeña pantalla, uno no podía más que echarse a temblar. n recuerdo lo mal que lo pasé cuando leí que iban a adaptar Wachtmen.
  
Ahora se ha hecho una adaptación muy digna. Pero antes de que las “Grandes Mentes” de Hollywood se percatasen de que los superhéroes pueden dar mucho dinero, nadie se batía el cobre para sacar adelante un proyecto respetuoso relacionado con los cómics; y más concretamente, con los superhéroes, convertidos en carne a merced de la serie B o Z más casposa.

Los aficionados nos conformábamos con que las adaptaciones no fueran demasiado ridículas.

Un claro ejemplo de lo poco que sabían las personas implicadas en llevar a la pantalla a los héroes del papel es la anécdota que leí en una antigua publicación especializada en cómics. Quizá fue en “Comics Scene”, pero no estoy seguro. Da igual. El caso es que invitaron a Stan Lee a un pase privado de la película para televisión de Hulk, donde salía Daredevil como personaje invitado. Después de que las luces volvieran a encenderse, Stan Lee les preguntó por qué el traje de Daredevil no tenía agujeros para los ojos. Los responsables del estudio le respondieron que cómo era ciego, para qué se iban a molestar en hacerle los agujeros a la máscara. Hala, a tomar por culo la identidad secreta.

Menos mal que ahora hay gente implicada en las adaptaciones que, al menos, sabe que tiene entre las manos –y no valen chistecitos con la frase de marras-.

CAPITÁN AMÉRICA: Tengo que reconocer que esta película me parece divertida y flipé cuando al final el Capitán América se tira al suelo y comienza a girar sobre sí mismo, cubriéndose de los impactos de bala, como hace en el cómic, en las escenas del castillo cutre. También es verdad que se me salían los ojos de las órbitas cada poco tiempo y sentía ganas de matar a los guionistas de la película… aunque no creo que ellos fueran los únicos culpables del estropicio. El traje parece cutre, pero mola. La trama es absurda y facilona. No esperéis diálogos brillantes ni emoción alguna; vamos, no esperéis brillantez en ningún aspecto de la película. Sólo el inicio y el final tienen algo de energía. Como no, aparece el personaje insoportable que se supone que es el alivio cómico y que sólo quieres que muera de la peor de las formas. Cráneo rojo también mola, aunque luego le hacen una cirugía de mierda. Por falta de presupuesto –no hay que olvidar que es una coproducción entre USA y Yugoslavia (¿Ey?)- el Capitán América sólo aparece con el traje al principio y al final de la película; los únicos tramos divertidos. Venga, atreveos a ver esta peli. Que hay peores formas de perder el tiempo… aunque tampoco muchas.


EL VENGADOR (THE PUNISHER): Esta película es mejor que la adaptación que se hizo con Thomas Jane como El Castigador –lo siento, me sigue sonando mejor así-. Además, sale Dolph Lundgren –el hermano tonto de Van Damme (dicho esto con todo el cariño del mundo)- con el pelo teñido de negro. La película es mala. El personaje nunca lleva la calavera en el pecho, porque se consideró que incitaba a la violencia o alguna idiotez por el estilo. La calavera aparece en la empuñadura de un puñal. Usan la frase de promoción del cómic: “Si eres culpable estás muerto”. Se puede disfrutar, si uno pone de su parte. Además aquí por lo menos hay sopapos y balas.





LOS CUATRO FANTÁSTICOS: De las tres, ésta es la más horrible. Si hubiera visto esta película en su momento, me hubiese cortado las venas. Da vergüenza ajena. Los efectos son ridículos -todavía me acuerdo del brazo de Reed Richard estirándose, dios que panzada a reír-, las interpretaciones penosas y la historia es propia de idiotas profundos (dicho esto también desde el cariño). Aun así, el aspecto de la Cosa y el Doctor Muerte molan muchísimo más que el que tienen las dos pelis nuevas de Los cuatro fantásticos, siendo su presupuesto infinitamente menor. Me duele más que con la pasta que se gastaron en las dos partes de Los Cuatro Fantásticos hicieran semejante mierda –joder, si solo bastaba adaptar alguna historia de Byrne para hacer algo decente-. La peli de los 90 de Los Cuatro Fantásticos tuvo que costar menos que un día de maquillaje de Jessica Alba para interpretar a Sue Storm. Los que sean, como yo, seguidores de Los Cuatro Fantásticos, podéis llorar… yo no lloré, pero porque iba prevenido.

Hala, valientes… ¡¡¡¡A disfrutar de una noche Friki!!!!